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DANZAS
Y FIESTAS TRADICIONALES DE COAPILLA
(Narradas por el consejo de ancianos)
El
primer baile de carnaval es el “tzunti”, que hasta hace
dos años celebramos el 20 de febrero. Llegaban de visita los
santos patrones de Chapultenango, la virgen de la candelaria; Chicoasen,
el señor del pozo; de Tapalapa, san agustín y de Ocotepec,
san marcos; en procesión traían incienso flores y música
y aquí les recibían los “cargueros”. Cuando
veíamos que llegaban les presentábamos al baile “tzunti”,
agradecidos por su visita. Así también llevamos nuestra
visita a Chapultenango y todos esos lugares con música de chirimía
y silbato, velas y cohetes, para corresponder su visita y agradecer
sus atenciones.
“Para
organizar el baile, el presidente hace la invitación a dos procuradores
y un activador de la fiesta, para que organicen los festejos, que acompañan
con música de flautín, tambor, violín, silbato
y chirimía. A los danzantes se les pinta la cara de color rojo
y ya para el miércoles de ceniza se les pinta de raya rojas y
blancas que son las que representan a los “tzunti”, o caras
pintadas”.
“A
todos los participantes los invitamos a la caza de los “cargueros”,
donde se juntan con los músicos. De ahí nos vamos a la
presidencia a presentar saludos, y luego a la iglesia, para ofrecer
el baile. Los bailantes van vestidos con camisa y chaquetón azul,
pantalón de mezclilla y sombrero de fieltro negro con espejo
y plumas. En la mano llevan un bordón adornado con flores de
salón o tulipán”.
Los
“cargueros” preparan su refresco en unos “pumpotes”
con agua de naranja que reparten a todos los participantes. Dos o tres
personas traen cargando los botellones en sus “cochimboches”,
o redes tejidas. Vienen bailando desde la casa de casa del carguero
llamado “xues” y llegan a la iglesia donde se realiza el
baile.
“Una
vez mire el baile de allá de Chiapas, el “parachico”.
Así se vestían en el baile de aquí, con pura cosa
buena”.
“Había
otro baile que se llamaba de santiago, era yo muy chiquito cuando ese
baile; salen cuatro personajes: dos con sus flechas y dos acompañantes,
y un chamaquito que también lleva su traje”.
“Cuando
lo quieren agarrar se corre y ahí se va él bailador, que
deja sus flechas y corretea al niño. Mientras, ya esta preparado
el poste donde lo van amarrar. Cuando lo atrapan regresan con él,
lo amarran bien y le empiezan a hacer travesuras, puyándolo con
sus lanzas, este baile lo hacían el 20 de enero. Pero se acabaron
los músicos y los maestros de los sonecitos y acabo todo, ya
no hay quien participe”.
“El
baile del negrito lo participaron el 6 de enero. Los músicos
y los danzantes se juntaban en casa del promotor y con la cara pintada
de blanco se reunían con los “tzunti”. Bailan dos
tanda en la presidencia y el maestro de baile habla en su idioma, advirtiendo:
“va a venir el gato de monte, el venado a tomar agua, va a venir
a poner la chachalaca: les vamos a poner trampa”. Entonces se
pone una carpeta, y encima dos huevos y una cuartita de comiteco; en
el baile aparece un chamaco a quien también van a cargar”.
“Cuando
están listas las trampas, el chamaco y los animales vienen a
tomar agua tres veces. Entonces lo agarran con lazo por el coello y
lo llevan a descargar donde sea, preparan dos botellas con agua de naranja
colorada, y dicen que es la sangre de los animales que atraparon. En
ese momento llega el negrito montado en su caballo, vestido de chamarra
de lana de borrego y una bandera para saludar en la iglesia. Viene acompañado
por dos danzantes del baile del colorado con su chinchín en la
mano. El rey negrito se le adorna con sombrero de fieltro y plumas,
calza botas adornadas con campanas i va enmascarado con un pañuelo.
Era costumbre que todos los regidores y policías tenían
que bailar la danza de los negritos”.
“Mientras
tanto, el promotor ha tenido que prepararse para atender a los músicos
y demás bailadores que participan, matando una res para darle
a todos alimento”.
“Pues resulta que llegaron unos sacerdotes que no querían
bulla y se negaban a esas fiestas por que los pobres que les tocaba
ese cargo gastaban mucho; decían los sacerdotes que esas costumbres
no tenían nada que ver con el pueblo”.
Bueno,
ni acabaron de oír eso cuando dijeron que ya no; el sacerdote
aquél enrique lo vino a embromar todo: ahí se empezó
a retirar la gente y ya no quisieron gastar, por que si se gastaba realmente,
estaba muy critica la situación en aquellos tiempos; el que no
tenia animales tenia que comprar una vaquillona o un marrano. Después
de eso, como les digo, ya no quisieron y mejor lo dejaron. Así
se fue acabando esa costumbre”.
“Hay
otro baile que forma parte del carnaval, y se llama sacramento; participan
seis hombres, cuatro mujeres y tres músicos; se celebra el 4
o 5 de junio. Los “cargueros” participantes son los dos
mayordomos que organizan cuatro parejas de baile, dos por mayordomo.
Es muy lindo ese baile: las mujeres tienen que pedir prestado los trajes,
aretes, anillos, gargantillas, que tiene que sacar la mujer de cada
mayordomo. Luego sale otro que le dicen soltero, que va haciendo chistes
a las mujeres de los otros”.
“Visten
también un “viejecito” con un bulto en la espalda
para que parezca jorobado. El varón lleva un machete en la cintura
y un bordón en la mano; la mujer su canastilla llena de trastes,
su caldera vieja y una chirimía, y va diciendo chistes mientras
baila”.

“Esa
costumbre tan bonita se le participaba a la imagen de la santísima
trinidad, pero ahora resulta que ya no lo hacen por que como les cuento,
quiere buenos traje, zapatillas, aretes, gargantillas, buen rebozo,
para los hombres la misma cosa: buena camisa, buen pantalón,
y buenos zapatos, es muy alegre el baile pero muy duro por que todo
es prestado: si de repente lo manchan o lo rompen por cualquier descuido
lo tienen que reponer”. “El 25 de diciembre se prepara un
bailecito con puros niños aquí en el templo. Le llaman
baile de los pastores. Van acompañado por sus chinchines, sonajas,
cargando sus seis mazorcas y un manojo de fríjol, por que es
el tiempo que aquí madura la cosecha.
El que tiene calabaza, pues lleva cargando su calabaza. Bailando dan
dos vueltas al parque, llegan a la iglesia y se les libra de sus cargas,
que van como ofrenda a los pies del niño Jesús”.
“Anteriormente
los participantes montaban a caballo adornado. Iban bien vestidos con
chaquetin, espada y camisas nuevas. Cuando se escuchaba el toque empezaban
a correr con racimos de guineos en las manos, y se tenían que
chocar y golpear con las espadas”.
“Así
íbamos aprendiendo hasta que nos quedamos solos. Hace cuarenta
años que murieron los músicos y maestros que sabían
todo, incluso hacer tambores con cuero de jabalí o de “chupamiel”,
que es muy fuerte”.
“Quedo el hijo del músico Evaristo, que enseñaba
a los maestros, pero a nuestros hijos no les gusta tocar por que les
da vergüenza. Así es esta juventud: la vergüenza los
mata, ¡ja, ja, ja! no le tienen amor, es distinto sus gustos,
sus ilusión de ellos es la marimba y el baile apretado. Mucha
gente se va a las cantinas y ahí se amontonan todos. No se ponen
de acuerdo, por eso no pueden organizar una cosa buena: los músicos
tradicionales se quejan por que les hacen burla. Esta situación
nos deja muy tristes”.
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